Follow me, into nowhere

30 sept. 2011


El “gran amor”, el peor enemigo de un discapacitado emocional (…)
Tratamos de encontrar eso que vimos en tantas películas, publicidades y novelas donde los protagonistas siempre tienen apellidos compuestos. Eso que nadie apoyará en un principio hasta que se empiecen a dar una serie de hechos que la pareja tendrá que superar para demostrar que el amor todo lo vence y esa serie de gansadas.
En el aviso clasificado imaginario que ponemos para encontrarlo tendría que decir “Que no sea fácil, excluyente”. ¿Por qué? ¿qué chiste tendría para nosotros, discapacitados emocionales asumidos y orgullosos, que nuestro “gran amor” nos quiera y cuide, que sea simple? Tiene que haber un tercero que aparezca cuando todo está tranquilo, un viaje inesperado que nos aleje por demasiado tiempo o al menos una familia de mierda con la cual vivir peleando. Eso como mínimo. Algo. Nos negamos a que nuestro “gran amor” sea perfecto (…)
Nos aferramos a un “gran amor” que poco tiene que ver con lo que necesitamos, sino con lo que queremos. Queremos el drama, necesitamos la estabilidad. Queremos lo difícil, necesitamos lo simple. Queremos grandes muestras de amor y exigimos que nos bajen la luna si sienten lo mismo que nosotros cuando simplemente necesitamos que nos pregunten como estuvo nuestro día y que de verdad tengan ganas de escucharlo. Ponerse a revisar la historia necesita un “Warning” en rojo furioso. Podemos terminar dándonos cuenta que perdimos a quien nos daba todo lo que necesitábamos por solo estar atentos a lo que queríamos.
Zabo.

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